La vez que Maritain acertó.

No puede negarse que a veces Maritain distinguía bien. Aquí encara un equívoco que causó la mar de confusiones y líos por no distinguir como corresponde: "Pensemos en el “desprecio de las creaturas” profesado por los ascetas. El santo tiene derecho a despreciar a la creatura (mientras que a la vez la ama); el filósofo, el teólogo (que, como tales, tienen por incumbencia el conocer, no el amar), no tienen tal derecho. Es que la palabra desprecio no tiene igual sentido en uno y en otro caso. A los segundos habría que decirles: las creaturas no valen nada por sí solas. A los primeros hay que decirles: las creaturas no valen nada para mí. Y ni siquiera hace falta ser un San Juan de la Cruz para decir como el poeta, que Me estoy muriendo de haber comprendido / Que la tierra entera no tiene precio alguno." (Desde aquí parece oírse la carcajada de Chesterton).

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