El espíritu sectario.

En la larga historia de la Iglesia nunca faltaron sectas: aparecen desde el primer siglo y nunca han faltado. La gran diferencia es que rápidamente se separaban del cuerpo de la Iglesia Católica, ora por propia decisión, ora por excomunión más o menos formalmente pronunciada por Roma. Pero en el s. XX apareció un fenómeno nuevo por completo: agrupaciones, cofradías, congregaciones, institutos de vida consagrada o no sé qués, que desarrollaron un espíritu notablemente sectario, reclamando para sí todos los carismas de la Santa Iglesia, con la pretensión además, de quedarse en ella. Sectas que pretenden sustituir a la Iglesia. Eso responde a un espíritu característico que en este texto se trata de caracterizar.

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